martes, 29 de julio de 2025

El campeonato que ganó Rafael Rivas

 



Creo que el único campeonato que ganó mi papá como dirigente deportivo y manager de béisbol de pequeñas ligas, habría sido como en 1985 o 1986. Recuerdo que fue en una mañana sabatina y de sol amable en el estadio del Colegio de Veterinarios.

Esa mañana se jugaba la final del torneo y mi papá estaba a la expectativa de lo que hicieran sus pupilos de 8 o 9 años. Durante el encuentro celebró cada batazo, cada carrera, y también peleó cada out y cada jugada cerrada. Desde hacía tiempo no lo veía así. Él siempre tan calmado y paciente, ese día estaba ansioso e inquieto.

Pero no lo hacía por él. No lo hacía por su ego -condición a la que nunca se acercó-. Lo hacía por esos niños que habían jugado bien toda la temporada y que se habían esforzado para llegar a la final. Lo hacía porque habían trabajado más que los demás equipos por conseguir un cupo en ese último juego del torneo.

Yo no entendía en ese momento -y tardé mucho en hacerlo- como alguien con tanto conocimiento del béisbol y con tanto talento y carisma para conducir a los niños, no ganara torneos más seguido.

Mi papá no ganaba los campeonatos porque fuera mal entrenador o mal estratega. La lectura es mucho más compleja y mucho más bonita que eso.

Él no ganaba trofeos porque no eran su objetivo. Él siempre se hacía con el equipo más débil, el de los niños que recién se iban calzando un guante, a los que había que llevar de la mano, los más lentos, los menos habilidosos.

En contraste, los otros managers buscaban a los niños más competitivos y con más potencial, así que sus equipos por lo general tenían garantizado el éxito. Los de mi papá no.

Pero es que papá entendió que el objetivo era social, que el deporte es solo un medio para integrar a los niños a una comunidad, a enseñarles a jugar limpio, a motivarlos a esforzarse para conseguir un objetivo, a ser honestos, a trabajar en equipo, a respetar las diferencias, a enfrentar y aceptar las adversidades, pero sobre todo a divertirse jugando.

Una de las reglas que nunca dejó de aplicar es la que estipula que en cada encuentro todos los niños deben jugar aunque sea un inning y que deben tomar al menos un turno al bate. Para él esa era una norma sagrada. Se tenía que cumplir por encima de cualquier circunstancia, e incluso si por aplicarla se pusiera en riesgo el resultado de un partido.

Lo importante no era el marcador final, era que el niño jugara y que se sintiera parte de un equipo.

Con esa premisa se condujo los más de 25 años que le dedicó de manera voluntaria a la Pequeña Liga de Beisbol Universitaria (o LUZ Maracaibo como se bautizó luego) y gracias a esa filosofía se ganó el respeto sincero de managers, dirigentes, padres y representantes, y sobre todo de los miles de pequeños jugadores que disfrutaron al jugar béisbol en esa liga.

Años más tarde la Universidad del Zulia lo honró bautizando un estadio de beisbol menor con su nombre, destacando su dedicación, paciencia, entrega y nobleza; y le han rendido diferentes homenajes de agradecimiento por su labor en distintos torneos y actividades deportivas.

El estadio "Rafael Rivas Rodríguez" es parte del complejo de la Pequeña Liga LUZ Maracaibo, que está sembrado en el Parque Polideportivo de Maracaibo (detrás del estadio "Pachencho" Romero). En él, niños de 6 a 10 años aprenden a jugar béisbol, pero lo más importante es que aprenden a trabajar en equipo y a respetar a su comunidad.

Por cierto, la foto es de cuando se inauguró el cuadrangular pre-infantil "Copa Rafael Rivas" en enero de 2017, precisamente en el estadio que lleva su nombre.

Hoy (29 de julio), ese hombre grande, noble, cariñoso, dedicado y amable está cumpliendo años, por lo que doy gracias a Dios por su vida y por darme el placer de ser su tercer hijo.



lunes, 26 de mayo de 2025

La sonrisa de Mary

 Mary Jiménez Suárez siempe estaba alegre. Eso no es un secreto para quienes la conocimos y para quienes tuvimos el privilegio de compartir con ella.

Desde muy joven fue luchadora, enérgica y directa. Siempre se vestía con esa ancha sonrisa que la identificaba en sus múltiples facetas: hija, mamá, hermana, abogada, empresaria, deportista y amiga. 



Siempre me encantó trabajar con ella. Disfruté compartirle cualquiera de esas locuras que yo llamaba proyectos laborales y que ella apoyaba optimista. Así se sucedió una cadena de espaldarazos mutuos, de patrocinios, asesorías y servicios, con la que logramos tejer una productiva simbiosis.

Recuerdo que apenas en dos oportunidades la llegué a ver triste o preocupada. Una de ellas fue por una situación muy personal que ella estaba atravesando y de la que me honró que me sumara y me la comentara. Hablamos largo rato, se desahogó, descargó en sus palabras su tragedia y luego de un gran abrazo supe que iba a superar la neblina más temprano que tarde. Y así fue.

La segunda vez que la vi con ansiedad fue cuando en la farmacia que tenía en el 18 de Octubre había un ambiente pesado y desteñido. Sabiendo que no tenía que ver con los incentivos económicos o con las condiciones laborales, le preocupaba que "sus muchachos" no se sintieran cómodos en el trabajo, y que por el contrario se sintieran forzados a hacerlo.

-Flaco, (porque ella me decía flaco) necesito que me ayudéis, quiero que me organicéis como una convivencia, unos talleres, unos juegos, no sé. Es que tengo a la gente desmoralizada -me comentó esa vez, como si fuera una generala que siente la obligación de levantar la moral de su tropa.

-Dale, dejame ver qué te organizo -le prometí.

De verdad estaba preocupada por su gente. No era algo que tenía que ver con la productividad o la rentabilidad, porque esos aspectos estaban garantizados por su trabajo, sino que el desánimo tenía que ver con su visión de líder y con su compromiso implícito de lograr que quien trabaje con ella tenía que disfrutar su labor y sus resultados.

Así que planificamos una jornada al aire libre, en su parcela en las afueras de Maracaibo, con dinámicas de grupo, de trabajo en equipo, de clima laboral y de fomento a la creatividad, con la que esperábamos cosechar buenos resultados.

La mañana que marcamos en el calendario para realizar la actividad llegó cargada de preocupación. Su cara mostraba todavía esa inquietud que la arropaba desde que me pidió el apoyo, porque no sabía cómo iba a tomar su equipo de trabajo aquella invitación. Su angustia aumentaba de peso a medida que pasaba revista a las caras expectantes de sus trabajadores y colaboradores, porque de entrada, todos estaban nerviosos. Nadie sabía con qué se conseguiría, ni que sacaría de allí.

Pero poco a poco el ambiente se fue relajando. A medida que fuimos desarrollando las actividades y las dinámicas, el pequeño enjambre de trabajadores se mostraba más participativo e integrado. Pero todavía no aparecía la esquiva sonrisa de la anfitriona.

Creo que cuando había transcurrido poco más de la mitad de la convocatoria, cuando ya habíamos hecho unas cuatro o cinco dinámicas, un brillo rebotó por todo el ambiente. Era la sonrisa de Mary, que había regresado al lugar de donde nunca se debió ir. Alegre y liviana se me acercó y me dió un cariñoso golpecito en el hombro izquierdo.

-Flaco ya me doy por pagada con este taller -me dijo con emoción.

-¿Y eso por qué?

-Porque dos de mis muchachos, los que más me preocupaban, se me acercaron y me dijeron "Mary te prometemos que vamos a trabajar mejor, vamos a disfrutar más nuestro trabajo", y eso es lo que yo quería, que ellos se sintieran mejor.

Y otra vez su sonrisa protagonizó la jornada. Con ello yo también me di por pagado.

Mary se nos fue temprano, cuando más energía irradiaba, pero su sonrisa se quedará con quienes la conocimos y con quienes tuvimos el placer de compartir con ella.






jueves, 19 de diciembre de 2024

Misión Cumplida Scouter Rubén

 En los scouts, cuando se hacen actividades al aire libre se acostumbra colocar “señales de pista” con ramitas y piedras para ir orientando el camino. Cuando se cumple el objetivo y se llega al final del recorrido, se coloca como señal un círculo de piedras con una piedra en el centro, que significa “Misión Cumplida”.




Lo mismo cuando la vida de un scout llega al final del recorrido y logra su objetivo. Lo recordamos con la misma técnica, en señal de que ha cumplido con su misión y de que ya está en camino hacia el “campo del reposo y la dicha”, como dice la oración del dirigente y guía.

Este 18 de diciembre nos dejó un gran scout. Rubén Portillo Jaimes tuvo toda una vida dedicada al escultismo, desde que ingresó muy joven “hace muuuchos años”, y fue dirigente de distintos niveles en muchas épocas. Siempre destacó por ser alguien íntegro, conciliador, trabajador, un ejemplo a seguir en todos los aspectos.

Tuve el gratísimo placer de conocerlo en lo scout, en lo profesional, y más importante aún, en lo personal. Las puertas de su casa y de su familia siempre estuvieron abiertas para las decenas y cientos de jóvenes que se formaron en los scouts, y para los dirigentes de todas las edades, grupos y nacionalidades que pasaron por allí.

Para mi generación, y para mí en lo personal, Rubén fue un mentor, un guía, un tipo sabio a quien pedirle consejos cuando los necesitara. Él siempre respondía con una enseñanza acorde, con una experiencia de sus lejanos tiempos de su juventud, y sobre todo, con una sonrisa y un chiste propios de su sano sentido del humor.

Hasta cuando me regañaba (que estoy seguro que fueron muchas más veces de las que puedo recordar) lo hacía con una enseñanza y un consejo para guiarme.



Colocar las piedras para marcar el final del recorrido no es fácil, pero es un orgullo hacerlo sabiendo que cumplió su misión, que formó a una maravillosa y frondosa familia, y que ayudó a formar a varias generaciones de jóvenes en el camino de un mundo mejor.

Gracias Rubén Portillo.

Misión Cumplida.

lunes, 4 de marzo de 2024

Las lágrimas del reencuentro

 

La emoción se respiraba en el ambiente, habían esperado mucho por ese momento, por eso cada minuto y cada segundo, se les hacía interminable.


Las lágrimas estaban a punto de salir, pero sabían que tenían que contenerse. Estaban ansiosas por escapar de los húmedos ojos y rodar por las mejillas, pero entendían que tenían que esperar por el abrazo que había sido postergado por los últimos seis meses. Comprendían que sería solo en ese momento cuando debían aflorar y reclamar su protagonismo... pero el abrazo no llegaba y la angustia amenazaba con secarlas.

Esas lágrimas siempre habían visto a sus colegas en reencuentros en los aeropuertos, pero nunca había vivido uno. Esperaban con desesperación el momento en el que la esposa y los dos hijos bajaran del avión que los llevó desde Maiquetía hasta la capital chilena y se abrazaran con el papá, quien había trabajado los últimos seis meses para lograr el encuentro.

Fueron seis meses difíciles, de trabajos rudos, de jornadas de hasta 36 horas seguidas en distintas “pegas” o labores para reunir el dinero. Fueron seis meses en los que los niños -de 9 y 6 años- extrañaron la presencia de su padre. Se preguntaban cuando llegaría el día del abrazo, lloraban en la soledad sin entender por qué se habían tenido que separar y ahora emigrar.





Ahora las lágrimas de los niños y de sus padres sabían que la espera estaba llegando a su fin.

La mañana del 4 de marzo de 2018 en el aeropuerto de Santiago el largo pasillo de llegada internacional y los trámites de ingreso oficial al país, eran lo único que los separaban. Las lágrimas estaban ansiosas, expectantes.

Al fin superaron los obstáculos, recibieron los sellos en sus pasaportes, recorrieron la infinita distancia que separaba los corazones que latían a millón. Las lágrimas ya no aguantaban la presión.

Los últimos diez metros de su caminata fueron interminables. Después de seis meses la familia entera se volvió a abrazar. Las lágrimas por fin pudieron salir.







viernes, 1 de diciembre de 2023

Una moneda con gran valor



 


Justo acababa de salir a tomar unas fotos al Centro Cultural, ubicado a unas pocas cuadras del diario, cuando Leo Pizarro me llamó por teléfono…

-Roberto ¿Estás cerca? Aquí te buscan dos carabineros…

-Si es Dino Contreras, de la Oficina Comunitaria, dile que me deje la invitación contigo.

-No, no es Dino… son dos oficiales…

¿Dos oficiales? Ahora en qué problema me habré metido, pensé… como editor del diario con apenas un año al frente de El Ovallino ya me había buscado varios inconvenientes, es normal, es parte del trabajo, pero sus consecuencias no pasaban más allá de un par de críticas y algunas amenazas de demanda de esas que nunca se cumplen… Pero esta vez me buscaban dos oficiales en la oficina…

-Que me esperen dos minutos, que ya voy de regreso…

Era febrero de 2019. Cuando entré, el de mayor rango fue el primero en saludarme y presentarse:

-Buenos días, soy el Mayor Álvaro Ilabaca del Canto, comandante de la Escuela de Formación de Carabineros Grupo Ovalle.

-Yo soy el SubTeniente Jorge Castro, jefe de escuadrón.

-Y yo soy Roberto Rivas, y soy al que buscan, pero no sé por qué o para qué...

-Es que queremos invitarlo a que haga clases en nuestra institución -dijo Ilabaca- necesitamos a alguien que dé la cátedra de Habilidades Comunicativas y no se nos ocurre nadie mejor que el Editor del diario local…

Debo confesar que la propuesta me tomó desprevenido. Ciertamente yo había dado clases en instituciones de Educación Superior en Maracaibo, pero nunca imaginé que en Chile me dieran la oportunidad de retornar a la docencia, y menos en la Escuela de Carabineros.



Estaba emocionado con la idea de volver a dar clases, pero tenía dos condiciones.

-La primera es que me ajusten el horario para dar clases sólo a la primera hora de la mañana, para luego venir a trabajar todo el día en el diario. La segunda es que yo no seré Relacionista Público de Carabineros: si un uniformado se mete en problemas yo lo voy a publicar en el diario, y que eso no afecte mi trabajo en la Esfocar, porque primero soy periodista.

-No hay problema -dijo Ilabaca.

Y con un apretón de manos sellamos la invitación.

Más tarde le expliqué al director del diario, Don Ricardo Puga, la propuesta que me hicieron y me dijo que no tenía inconvenientes en que diera clases en la institución. Así que a los días comencé con una de las experiencias más interesantes que me ha tocado vivir: ayudar a los Carabineros Alumnos en sus Habilidades Comunicativas: redacción de actas, discursos, comunicados, comunicación verbal y no verbal, etc.

Sé que no soy el primer venezolano que ofrece clases en la institución, pero quizás sea el primer zuliano en ser docente de la Esfocar, y eso me llena de un orgullo tremendo, además que siempre es una satisfacción poder poner mi granito de arena para formar a un grupo de jóvenes que quieren hacer bien las cosas. ¡Y cuando notas cambios positivos en su manera de redactar o de expresarse, más satisfactorio es!

Hoy 1 de diciembre se celebra el Día del Profesor de Carabineros, ocasión en la que nos rindieron un homenaje a los docentes de la institución, con actividades culturales preparadas por los propios alumnos. Recibí además una Moneda Conmemorativa que tiene para mí un valor incalculable, porque me hace ver lo lejos que he llegado desde que decidí emigrar con mi familia.

Luego de dejar el diario a principios de año me asignaron más secciones y he podido ayudar a más estudiantes. Estoy realmente agradecido con quienes me invitaron y quienes han confiado en mi trabajo en estos años, y sobre todo, agradecido con los alumnos que me dan la oportunidad de colaborar en su formación.

 

 



lunes, 26 de diciembre de 2022

El Niño de Adolfo

 Roberto Rivas Suárez

En diciembre de 1995 –o quizás de 1996- en el Grupo Scout Lucila Palacios nos encontrábamos organizando la actividad de cierre de año para los lobatos de la Manada (niños entre 7 y 11 años), por lo que pedimos a varios dirigentes del grupo que nos ayudaran con los juegos y las actividades que realizaríamos por estaciones.



En ese entonces teníamos muy buena relación con los dirigentes del Grupo Scout Cristo Rey, así que decidimos invitarlos a la actividad, para que los lobatos pudieran compartir con otros niños y que la jornada nocturna fuera más vistosa y divertida.

En ese momento yo estaba al frente del staff de Manada y mis hermanos de la “Zona Roja” (mi generación más cercana) dirigían las unidades mayores. Por supuesto todos se aprestaron a colaborar con juegos y dinámicas.

Ya con el programa estructurado, las responsabilidades asignadas, los materiales listos, los invitados a punto de legar, y cuando faltaban como 30 minutos para dar inicio a la actividad, llegó al lugar mi hermano Adolfo Valecillos y me llamó aparte: “Vení a ver lo que les traje”…

Fuimos hasta su emblemático Malibú blanco y me mostró un cargamento de juguetes que tenía regados entre el asiento de atrás y la maleta. Eran más de treinta juguetes de muy buena calidad, que no le había dado tiempo de forrar. Habían juguetes armables, carros y camiones, figuras de acción y  juegos didácticos.

-¿Adolfo, y esto?

-Vos sabéis que papá siempre trabajó con gestiones de aduanas y de importación. Desde hace años le comenzó a hacer las diligencias a unos chinos que iban recién llegando a Maracaibo y estaban abriendo sus tienditas. Ahora tienen almacenes grandes, jugueterías y hasta supermercados y nosotros le seguimos haciendo las gestiones, pero ahora soy yo el que se entiende con los hijos de los chinos.

-¿Y te los donaron?

-Más o menos. Le dije a uno de ellos que tenía esta actividad con los niños y que me diera el mejor precio que pudiera. Como nos conocemos de años me dejó los juguetes al costo que le salen y hasta me dio un descuento. Pero no vais a decir nada, este es el Niño Jesús…

Nunca le pregunté, pero imaginé que un botín así debió tener un precio considerable para una sola persona.

La actividad comenzó, los juegos por estaciones sacaron risas y diversión en todos los que allí estuvimos. No hubo competencia, sino pura alegría navideña. Dejamos la entrega de regalos para el final, y fue una sorpresa que nadie esperaba. Los niños quedaron asombrados por los regalos, pero más asombrados quedaron los padres y dirigentes que no sabían cómo habíamos hecho para “estirar” la cuota que habíamos pedido para refrigerio, y comprar tal cantidad de buenos juguetes.

La sonrisa de Adolfo no cabía en el lugar.

-Hay un niño que no lo puede creer. Mirá, es aquel que está allá –Me dijo-

Y recuerdo que me señaló a un pequeño que fue obsequiado con una figura de acción. El niño miraba el juguete y no se atrevía a abrirlo, al parecer imaginaba que era mucho para él.

Una de las dirigentes de Cristo Rey se me acercó y me preguntó:

-¿Roberto, cómo hicieron para conseguir estos regalos?

-¿Vos creéis en el Niño Jesús? –le pregunté-

-Sí…

-Bueno, yo también…

Y me quedé con mi ancha sonrisa pensando en el Niño Jesús que Adolfo nos llevó esa noche. Nunca le revelé a nadie el origen de los regalos.

El 20 de diciembre de 2013, mi hermano Adolfo Valecillos murió después de luchar un par de años contra una agresiva leucemia que lo fue consumiendo poco a poco. Esa tarde estuvimos con él. Esa tarde tuvimos la certeza de que sería solo un breve adiós.

 


viernes, 11 de noviembre de 2022

La tarde en la que Luis Aparicio le dio la razón a mi papá

Muchos años después de ser exaltado al Salón de la Fama del Beisbol de los Estados Unidos, Luis Aparicio Montiel seguía siendo –y todavía lo es - un tipo sencillo, una gloria y celebridad del deporte nacional, sí, y al mismo tiempo dueño de una conversación pausada y sabia.

Al igual que a mi papá, Rafael Rivas, a Aparicio le apasiona tanto el beisbol como la formación de los niños y jóvenes, y eso lo conversaron una tarde marabina en la que el ex grandes ligas se tomó su tiempo para visitar un estadio de categorías infantiles, donde niños de entre 7 y 9 años daban los primeros pasos y recibían los consejos iniciales para disfrutar de ese maravilloso deporte.

La plática entre dos grandes valores del Zulia –cada uno a su nivel- desmenuzó el deporte en todas sus tonalidades, desde el amateur al profesional, desde la visión de quien lo promueve, hasta la mirada de quien lo practica y se llena los pies de arena en cada jugada.

Analizando andaban los apoyos públicos a las instituciones deportivas, cuando el eterno 11 de los Medias Blancas de Chicago le dijo a papá algo así como:

-“Lo que yo no entiendo es por qué los políticos no deciden dar más apoyo al deporte menor”

-“Lo que pasa Luis, es que los que se meten en la política lo hacen desde muy jóvenes y casi ninguno de ellos practicó algún deporte… ellos no saben lo que se necesita en el deporte menor, porque no lo vivieron”… argumentó mi padre.

Aparicio se frotó el mentón y tras analizar la respuesta, terminó dándole la razón a papá.

-“No lo había visto desde ese punto de vista, creo que debe ser por eso”, admitió el único hall de la fama venezolano.

El destino quiso que años más tarde, la Pequeña Liga de Beisbol Universitaria bautizara el pequeño campo donde se desarrolló la conversación, con el nombre de “Estadio Rafael Rivas”, en homenaje a quien consideraron “Alma, Corazón y Vida”, de esa institución por casi tres décadas. El recinto, está enclavado en el Complejo Polideportivo de Maracaibo, a menos de 500 metros del estadio “Luis Aparicio (Ortega), El Grande”, en homenaje al papá de quien en una conversación casual, una tarde marabina, le dio la razón a mi papá.

 

Roberto Rivas Suárez

domingo, 31 de mayo de 2020

Ustedes no conocieron a “Orejitas Jack”


Ustedes no conocieron a “Orejitas Jack”

Mucho tiempo después  de ser “Orejitas Jack” fue “Encho”. Muchos lo conocieron así, como “Encho” en  su vida universitaria y profesional. Era su firma, era su identificación; Encho era el periodista, el especialista en edición de videos (que de alguna manera tuve que ver con eso), el locutor profesional, el especialista en deportes, el fotógrafo, el padre… Encho era un tipo sencillo con una sonrisa eterna, de quien era muy fácil ser su amigo. Ese era el tal Encho.

Pero mucho tiempo antes de ser “Orejitas Jack” fue “Edinsito”. Y muchos otros lo conocieron así, como “Edinsito” en sus primeros años. A esa conclusión se llegaba por una vía muy directa, pues así como al primer hijo de Jorge Chacín, que llevaba su mismo nombre, todos lo conocían como “Jorgito”; así, el hijo mayor de Edison Ávila, que llevaba su mismo nombre, estaba destinado a ser conocido como “Edinsito”. No ocurrió lo mismo con el hijo mayor de Rafael Rivas, porque a este lo bautizaron como Róbinson, y no como “Rafaelito”. “Edinsito” estaba siempre contento, siempre tenía un chiste en los labios, siempre sonriente. “Edinsito” era el hijo, el hermano mayor de Haideína y de Gerardo (o “guarapo” como lo bautizó mi papá), era creativo y alegre. Ese era “Edinsito”.

Pero ustedes no conocieron a “Orejitas Jack”. No estaban en el lugar indicado, en ese momento preciso.

Jorge Chacín (padre), Rafael Rivas y Edison Ávila (padre) solo tenían algo en común: sus respectivas esposas trabajaban en la Universidad del Zulia. Ellas no solo compartían labores, sino que desde un principio tejieron una amistad y una hermandad que se ha mantenido por más de cinco décadas. Así Lilia, Yoly y Haydé, no desperdiciaban un fin de semana largo, una semana santa, un carnaval o unas vacaciones de agosto para sacar a la creciente tropa de hijos de paseo y seguir cimentando esa relación.

De esa manera los Chacín-Rodríguez, los Rivas-Suárez y los Ávila-Villasmil crecimos y viajamos juntos por distintos rincones del estado y del país. Éramos doce muchachos (10 varones y dos hembras) que crecimos como amigos-primos-hermanos.
En agosto de 1985, ese batallón de alegría salió a la conquista de Curimagua, estado Falcón, en unas vacaciones espectaculares. Fueron días de juegos, de compartir, de reírnos, de disfrutar de la comida, de los paseos, de la montaña que estaba detrás de la posada, de compartir desde que nos levantábamos hasta que en la noche nos acostábamos rendidos de cansancio.
El grupo se dividía entre los jovencitos y los niños más pequeños. Ya no había bebés en esa camada. Teníamos entre 6 y 15 años.
En las noches después de cenar los más grandecitos nos poníamos a jugar cartas o dominó, nos hacíamos trampas, inventábamos nuestras propias reglas, nos reíamos, nos burlábamos y nos defendíamos en perfecto equilibrio. Sin malicia. Tanto que no recuerdo ni una sola pelea entre nosotros.
Una noche se nos ocurrió colocarnos “nombres código”. El mío fue “Bola negra”, porque así le decían a un tipo en una película que hacía puros chistes malos y comentarios desacertados, y ese nombre me lo gané a pulso. Rodolfo fue “Demóstenes el chicloso” porque una noche se quedó dormido con un chicle en la boca. Edison fue “Orejitas Jack”… no hay que explicar mucho el motivo, pero él estaba contento con ese nombre, siempre sonriente… de los demás no recuerdo los apodos con claridad, pero fue parte del juego, del viaje, de la infancia.

Con Orejitas Jack crecimos viajando a las playas de Los Puertos de Altagracia, las playas de Miramar (Falcón), un paseo a la represa de Burro Negro, Los Andes, y tantos cumpleaños y fiestas familiares (con 18 miembros entre las tres familias siempre había oportunidad para reunirse). Fue una hermandad perfecta.

Así fue compartir la infancia y la juventud con él.
Había que estar ahí, en ese momento, para conocer a mi hermano Orejitas Jack como yo lo conocí. Con su eterna sonrisa




sábado, 14 de marzo de 2020

Los zapatos del pasajero


 Regresé a mi casa descalzo y “bajoniao”.
Así me dijo el fotógrafo, “estái bajoniao, ¿verdad?”
Sí. Tenía el ánimo bajito, por el piso. Estaba descalzo y mis ojos luchaban con unas lágrimas a punto de salir. Con un nudo en la garganta sólo alcancé a responder: “mucho”… mi voz no daba para más y las lágrimas le ganaron la batalla al orgullo.
Dos horas antes, cuando estaba a punto de cerrar el diario en el que trabajo, un amigo me indicaba a través de un mensaje que un autobús se estaba incendiando en la Ruta 5 Norte, que une a La Serena con Santiago. Más o menos a unos 25 minutos de recorrido.
-“Leo, prepárate, que hay un incendio y parece que está rudo”, le digo al fotógrafo, y en un instante ya enfilábamos al siniestro.
Cuando llegamos, del autobús no quedaban sino los hierros de la estructura y debajo de ellos las cenizas de lo que alguna vez fue un transporte. Los bomberos trataban de enfriar el amasijo de metales que todavía chillaba cuando los rociaban con agua fría.
Un par de metros más allá, una treintena de pasajeros en shock daba gracias a Dios por haber salvado sus vidas, pero sacaban cuentas de todo lo que habían perdido en las llamas. Todas las maletas quedaron reducidas a cenizas mojadas que todavía exhalaban vapor.
De los 38 pasajeros, poco menos de la mitad eran chilenos. Había un peruano, tres bolivianos y el resto eran venezolanos que estaban apenas llegando por tierra, después de más de 10 días de haberse despedido de sus familias.
-¿Quiénes son los venezolanos? –Pregunté. Y nos reunimos en círculo en la oscuridad de la noche, alumbrados por la intermitencia de las luces de Carabineros y Bomberos. Fue ahí cuando me empezaron a contar lo que había pasado.
-Apenas pudimos salir con lo que teníamos. Ni el equipaje de mano lo pude sacar.
-El encargado dijo: bajen rápido que el motor se está quemando, y salimos apenas con lo que agarramos.
-Yo solamente saqué la mochilita que traía.
-Se me quemó hasta la chaqueta porque no la bajé, pensé que no era pa’ tanto.
-Ahí se me quemaron los títulos apostillados, los diplomas y las cartas de recomendaciones que traía para buscar trabajo.
-Yo no pude sacar el pasaporte y hasta el pendrive donde traía el currículo digitalizado se me quemó.
-Una chama gritó: Déjenla salir a ella que va con una niña, y fue cuando me abrieron paso, porque estaba cargando a mi hija.
-Yo salí descalzo porque no creí que se fuera a quemar todo. Me había quitado los zapatos para dormir un rato…
Todos miramos sus pies y se hizo un profundo silencio.
Recordé cuando un año antes me vine en autobús desde Maracaibo e imaginé que era yo el que venía de pasajero en esta ocasión. Soy uno más de ellos. Yo duré once días para llegar a La Serena, pero estos paisanos iban a la capital chilena, lo que sería una noche más de recorrido.
No lo pensé mucho y le di mis zapatos. Yo tendría otros en mi casa. Él lo había perdido todo entre las llamas.
Carabineros los llevó a un refugio para que pasaran la noche, y a revisar su estatus migratorio, y yo pensaba que un año antes pude ser yo quien estuviera en esa situación.
-Lo peor es que varios entramos a Chile por caminos ilegales y ahora nos pueden deportar. –dijo el nuevo dueño de mis zapatos…
De regreso Leo me preguntó: -Estái bajoniao ¿verdad?”
-¡Mucho!


Roberto Rivas Suárez

sábado, 7 de marzo de 2020

Los cuatro beisbolistas


La tarde era calurosa, pero no podía ser de otra manera en Maracaibo. Aunque los espacios abiertos de la Universidad del Zulia, que antes fueran las instalaciones del antiguo aeropuerto de Grano de Oro, siempre brindaban la brisa que intentara combatir la sofocante temperatura.
Las gradas del estadio de softbol de la Facultad Experimental de Ciencias regalaban un espacio para la tertulia entre especialistas y aficionados al deporte, permitiendo conversar a la sombra del techado  disfrutando del viento que por momentos acallaba las chicharras que lloraban con la temperatura.
Esa tarde la conversación se centró en el futuro de cuatro buenos peloteros juveniles que recién se estaban forjando un nombre en el béisbol internacional, pero que eran las estrellas indiscutibles de Las Pequeñas Ligas del Zulia y de la Liga Universitaria a la que pertenecían.
Abdías Valbuena Rubio (Q.E.P.D.) periodista y narrador deportivo, gran conocedor del beisbol y del boxeo, siempre tuvo gran olfato para el deporte, no sólo desde el punto de vista del rendimiento en la cancha sino desde el comportamiento fuera de ella.
Rafael Rivas Rodríguez, jugador de la tercera base en sus tiempos de juventud y entrenador de gran trayectoria en el mundo del béisbol menor tenía una duda con respecto a los cuatro peloteros y sólo la experiencia de Abdías –y el tiempo- podrían responderle.
Eran los primeros años de la década de los 80, y los peloteros de la Pequeña Liga de Béisbol Universitaria (la que luego tomara el nombre de LUZ Maracaibo) que fueron firmados por equipos profesionales eran Jhonny Paredes, Marcos Campos, Fernando Soto y Mario Labastidas.
“Yo le pregunté a Abdías por el futuro de esos cuatro jugadores de la Liga Universitaria, y él así me los enumeró:
-Primero Jhonny Paredes, tiene unas muy buenas condiciones para llegar a las mayores, pero es muy desordenado y demuestra poca seriedad en el trabajo.
-Segundo: Fernando Soto, outfielder que tiene unas condiciones grandes, pero es de familia adinerada y no creo que aguante los entrenamientos, porque le van a exigir mucho y no está acostumbrado a mostrar humildad.
-Tercero: Marcos Campos, lanzador de tremenda velocidad y grandes recursos, pero con muy poco amor al juego y es demasiado rebelde, no todos los entrenadores le aguantarán su carácter.
-Y cuarto: Mario Labastidas, de los cuatro jóvenes quizás es el que menos condiciones tiene, pero éste ha de permanecer bastantes años en el béisbol porque es muy disciplinado y le agrada jugar.
Con ese presagio me fui a la casa, pensando en el futuro de los cuatro beisbolistas”, contaría Rivas.
El tiempo se rendiría ante las palabras de Abdías.
Paredes ciertamente llegó a las Grandes Ligas jugando la segunda base con los Expos de Montreal y los Tigres de Detroit, pero se mantuvo sólo por tres años y luego pasó una temporada en Japón.
Soto jugó diez temporadas en Venezuela, casi todas con las Águilas del Zulia, aunque terminó su carrera con los Tigres de Aragua. Con 1300 turnos al bate alcanzó un average de .246 pero no alcanzó a jugar en las Grandes Ligas.
Campos jugó siete temporadas con las Águilas del Zulia, con 49 apariciones y 15 juegos como abridor, dejó registro de 2 ganados y 10 perdidos, y allí se quedó, tal como dijo Valbuena.
Y así como lo predijo Abdías, Labastidas se mantuvo jugando por trece temporadas con las Águilas del Zulia y luego pasó a formar parte del personal técnico siendo coach de tercera por muchos años, hasta la actualidad cuando el equipo rapaz alcanzó la postemporada en 2020. Además es el mánager del equipo juvenil zuliano en la Liga Paralela y del equipo semiprofesional de Bologna, Italia.
Valbuena sabía que el deporte no sólo se trata de condiciones físicas y velocidad, se juega con actitud y con pasión, se permanece con humildad y deseos de aprender de los que saben, y se gana con disciplina y esfuerzo.

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-Abdías Valbuena Rubio fue periodista, narrador y comentarista deportivo. Destacó además por ser un gran dirigente deportivo en el estado Zulia.
-Rafael Rivas Rodríguez, está retirado pero fue entrenador de béisbol y dirigente deportivo con diversos reconocimientos regionales.
Hoy dos estadios de la Liga de Béisbol LUZ Maracaibo –en el Complejo Polideportivo Luis Aparicio- llevan el nombre de este par de legendarios hombres del deporte.

Roberto Rivas Suárez
Marzo 2020

lunes, 5 de febrero de 2018

Cuando apago el televisor

De la serie: Hablando con todo

Con noches de soledad y con un televisor que sólo sintoniza unas cuantas señales abiertas –en un mundo satelital- no es mucho lo que uno se puede entretener. Paso de un mal programa de opinión donde discuten la doble moral de un político que no conozco, a otro peor de farándula donde debaten si la mala suerte de una actriz, quien tampoco conozco, se debe a influencias paranormales o a su completa falta de talento.
Hace una semana hice lo mejor que pude hacer: ¡apagué el televisor!
Pero no fue lo mejor sólo porque sentía que el aburrimiento me amarraba a la silla, o porque consideraba  que el poco nivel cultural de los programas atentaban contra cualquier nivel de inteligencia, sino por lo que vendría después.
Al apagarlo y quedar la pantalla en negro, los parlantes del televisor siguieron sonando. Unos billetes con alitas fue lo primero que imaginé por tener que llamar a un técnico para que lo revisara, pero al ver mi cara de asombro-tristeza, el mismo televisor me dijo: “no llames a un técnico, que si me reparan, me dañan”.
Ahí comencé a entender, o creer que entendía. De verdad el televisor me hablaba. Es que yo hablo con las cosas y ellas me explican su situación, lo que no me esperaba es que siendo un televisor tan viejo y desgastado, tuviera tanta energía para conversar aun después de apagado.
-Es que cuando no estoy encendido estoy viendo Discovery Channel o National Geografic”
-¿Y por qué tú puedes ver esos canales, y a mí me reduces a canales nacionales de televisión abierta?
-Porque cuando estoy apagado me concentro y puedo captar otras señales
En ese momento pensé que el televisor estaba loco… ¡y que captaba señales! Eso es de dementes, pero yo seguí hablando tranquilamente con él, porque ciertamente era un aparato con mucha altura cultural, con quien se puede conversar igual sobre política mundial o turismo ecológico, como de avances de la ciencia o hasta los más curiosos hallazgos arqueológicos.
Desde ese momento en las noches lo enciendo un rato para que sepa que ya llegué, y luego lo apago para conversar un rato. Aunque todavía pienso que el televisor está un poco chiflado, siempre es grato conversar con él cuando lo apago.

jueves, 1 de febrero de 2018

Me olvidaron en una fría baranda

De la Serie: Crónicas Ovallinas
 Publicadas los domingos en El Ovallino
www.elovallino.cl


Desde que me cerraron no me visitaron más, tengo la impresión que la pareja que puso sus  esperanzas en mi fortaleza y sus iniciales en mi costado, terminó en una pelea y no recuerda que yo soy el símbolo de su unión.
Lo peor no es la incertidumbre de saber si mis dueños me recuerdan, o si de verdad siguen siendo una pareja. Lo que me mata es la soledad de esta baranda. Si al menos me hubiesen cerrado junto a los demás, yo tendría con quien hablar, pero me dejaron aquí, triste, solo y cerrado, mientras que en las barandas de arriba y las del frente hay más de doscientos candados acompañados y alegres.
Me carcome la envidia al ver como los niños juegan con los candados del frente, corriéndolos de un lado al otro como si fueran las cuentas de un ábaco. Me parte el alma cada vez que unos pololos traen a un colega y buscan una ubicación privilegiada. “¡No dejes que te cierren! -le grito-¡Utiliza tus resortes con todas tus fuerzas!”… pero cuando escucho el “clic” del cerrojo, ya nada se puede hacer.
Mis hermanos y varios de mis compañeros de ferretería deben estar trabajando ahora en cargos importantes. Quizás están cerrando el portón de alguna granja o trancando la puerta de un alcalde o empresario importante. Incluso mi hermano menor cuida la bicicleta de un niño, mientras yo recibo el sol y las inclemencias de la intemperie día a día.
Si tan solo me hubiesen cerrado en el puente de Las Artes de París o en Los Árboles del amor del puente Luzhkov en Moscú, al menos tendría la esperanza de salir en los reportajes de la National Geografic.
Hubiese preferido que me fraguaran en un cuchillo o algo más útil, cuando todavía era un metal maleable y al rojo vivo ¡Pero no! Me dieron forma de candado y ahora estoy acá en La Plaza de Armas esperando que la dueña traiga la llave para abrirme y llevarme a alguna puerta.
¡Qué triste mi vida! Mi única esperanza para hacer algo distinto es que el óxido se coma mis engranajes y pueda por fin, caer al agua.


sábado, 27 de enero de 2018

Si no está en la Feria, no existe


Entré en la Feria Modelo (el mercado popular más grande de Ovalle)
porque me dijeron que allí conseguiría todo lo que buscaba. Pensé que estaban exagerando y llegué con la certeza de que no todo estaría allí. A veces es grato equivocarse.
Me paseé por los pasillos y cada tienda, cada mesón y cada letrero me confirmaba que allí había de todo. Todo lo que buscaba y lo que nunca imaginé conseguir; Me tropecé con espinacas tan verdes que parecen retocadas con pintura, plátanos tan amarillos que parecen de oro y frutillas tan rojas que bien podrían ser las pinceladas del mismísimo Agustín Abarca.
Los colores de los pasillos son impresionantes: las frutas, verduras y hortalizas tienen unos tonos que maravillan hasta a un daltónico. Pero no sólo los alimentos te impresionan: Todos los estilos de ropa, los juguetes y los libros vienen con el arco iris bajo el brazo. Y si eso no fuera suficiente, el señor que vende los libros viejos y las revistas antiguas vende todos los tonos de matices de sepia y colores envejecidos: desde las páginas marrones de los libros viejos hasta las fotografías amarillentas de principios de siglo pasado.
¡Los aromas también son una fiesta! El pescado -que en otros mercados tiene un hedor que espanta hasta al vecino- aquí es tan fresco que te recuerda a Tom Hanks en El Náufrago. Los olores dulces en La Vieja Maestranza son capaces de hacerte agua la boca aun estando a un pasillo de distancia. Y ni decir si es la hora de colación o de tomar once.
Lo mejor es que en mi egoísmo, y a pesar de que la feria estaba llena, yo era el único que sabía apreciar esos tesoros perdidos a simple vista. Todos los demás –vendedores y clientes- están tan acostumbrados a los olores y colores que ya no los disfrutan, así que eran sólo para mí.
Y al ver que sonreía sólo, todos los vendedores me devolvían el gesto. Desde las sonrisas más pequeñas por extrañeza, pasando por sonrisas de medio labio de complicidad hasta llegar a grandes risas de alegría (sin saber por qué), pero todos los vendedores sonreían.
Así que me fui contento. Ciertamente conseguí todos los colores, percibí todos los aromas y disfruté de todas los tipos de sonrisas que hay. Es que si no están en la feria, no existen.

viernes, 5 de enero de 2018

Una buena conversación

Antes de escribir este post, tuve que pedir su autorización porque iba a hablar de él. Lo pensó pero al final me dijo que no había problema, que lo escribiera, así que se los narro:
Desde que me vine a trabajar a Chile he pasado noches de frío, noches solitarias, noches en las que me hacen "compañía" quienes están más lejos y a quienes quiero más cerca.
A la segunda semana de estar en La Serena tuve que comprar una taza para las bebidas calientes, porque, aunque ya el invierno había pasado, para mí , acostumbrado al calor del trópico, era una tortura que me congelaba los nudillos.
Fui a un almacén chino y busqué la sección de tazas... estaba al lado de los juguetes, lo cual no me pareció extraño sino hasta la primera vez que me habló.
"Por fin me sacaron de ese aburrido estante. No soportaba a los otros tipos: quejones y criticones!" Yo miré a los lados y no vi a nadie, pero sabía lo que había escuchado y sabía que no era mi imaginación. Pero no le di importancia porque al otro lado de la pared de la cocina donde estaba preparando te hay una casa y sus conversaciones se escuchan como si estuvieran sentados en esta cocina.
Pero cuando vertí el agua caliente a la taza, se destapó en elogios. "¡Ohhhh que rico! ¡Por fin! ¡agua caliente otra vez!"
Wow una taza blanca de porcelana me estaba hablando. Es decir me estaba hablando y agradeciendo el agua caliente. ¡Que inusual! A mí me hablaban las lámparas, los lápices, los floreros, pero nunca había conversado con una taza.
Esa noche me explicó que aprendió a hablar cuando era vecino de los juguetes en el almacén, y que estaba agradecido por que lo compró un tipo como yo (que al menos le creo y lo escucho) porque según me dijo "hay cada loco por ahí rompiendo las tazas, que ni te imaginas".
Desde esa noche me cayó bien la taza y hemos compartido algunas vivencias, siempre, al borde de un buen te o un buen café.

jueves, 4 de enero de 2018

Sé que están ahí

Entré, no porque quería.
Entré porque era mi compromiso, era mi labor y entendí que era el único que podía entrar a ese cuarto y salir victorioso.
Cualquier otro que siquiera intentara entrar, no saldría, y si salía nunca podría contarlo.
Había mucho silencio. Y mucho silencio en este caso no es bueno. No sabes donde están. No sabes lo que están haciendo. No me da miedo, sólo que prefiero un poco de ruido. Ellos saben que mientras más silenciosos son, más difícil es sorprenderlos. Saben que no cualquiera entraría a ese cuarto. Pero también saben que soy el único que puede entrar y salir caminando tranquilo y que si a estas alturas ni siquiera me intimidan, ahora es poco lo que pueden hacer para asustarme.
No es que no les tenga miedo, es que no se los demuestro. Los que han intentado atravesar el pasillo quedan helados sólo por sentirlos. Nadie los ha visto, pero todos sabemos que están allí y que no hay que subestimarlos.
Si vas a pasar por esa puerta y a atravesar el pasillo hazlo, pero no les demuestres miedo... Solo respétalos. Están allí.

domingo, 24 de diciembre de 2017

Sólo para que el 2017 no pase liso...

Casi nunca publico en Facebook... ni en mi twitter ni en mi instagram... y si revisamos la cronología de este blog, la estadística es de una publicación cada año... y como este año no había escrito nada, pues me estoy tomando estos minutos para teclear un poco de palabras aisladas de toda idea inteligente... sólo por no darle el gusto al año de que se vaya liso sin que hubiese escrito una nota para este espacio.
Me prometo a mi mismo que lo voy a mejorutilizar (es una palabra que inventé y es el antónimo de malgastar) a partir de ahora, y como tengo el compromiso de escribir para no oxidar los nudillos ni apagar las dendritas, además de marcar los pasos a equipo ovallino con el que estoy trabajando, pues puedo publicar más seguido en esta ventana.
Me advierto a mí mismo (corriendo el riesgo que de no cumplirlo me moleste conmigo y hasta me quite el habla) que este compromiso es tal como el de las dietas de enero, el de "no voy a beber más" del enratonado o el de "es la última vez que como tumbarranchos con salsa"...
Total, es mi espacio y es sólo para mi desahogo...

sábado, 2 de julio de 2016

Bitácora de 1999 #1 Buscando mis macundales

(Notas escritas en la bitácora de la Travesía por Centroamérica y México. Como les dije, las voy a publicar los mismos días cuando fueron escritas hace 17 años.
Anotación #1)
Ciudad Bolívar, 30 de junio de 1999
Casi un mes después de salir de Maracaibo a buscar mis macundales a Maturín se me ocurrió comprar este cuaderno para realizar algunas anotaciones triviales.
Mientras esperaba que mi prima Indira Delgado terminara sus prácticas de voleibol con la selección infantil del Estado Bolívar me decidí a pagar 270 bolívares por esta improvisada bitácora para reseñar lo que puede ser uno de mis viajes más interesantes.
Salí hace tres semanas de Maracaibo, el lunes 7, sólo con la intensión de buscar mis artículos de campismo en Maturín, dejados allí en casa de mi tío José Antonio Aranguren, luego de los ocho meses que viví allí mientras trabajaba como periodista deportivo en el Diario El Oriental. Trazado el objetivo, la travesía desde occidente a oriente y el regreso no tenía por que durar ni siquiera dos semanas, pero ya tengo casi un mes afuera y no he tocado todavía Maturín.
Mis cosas –sleeping, hamaca, cuchillo, cámara, koala, etc- las tengo que buscar para subir a México en cola, un proyecto que se me metió en la cabeza después de conocer a Alma y Martín, y a Jens y Uwe, dos parejas de ciclistas que recorrieron Sudamérica desde Buenos Aires hasta Maracaibo. Argentinos los primeros, alemanes los otros dos.
Al regresar a Maracaibo lo más seguro es que viaje con José Miguel Briceño y varios compañeros suyos de Filosofía, quienes piensan subir desde el 2 de agosto para asistir a un congreso latinoamericano o algo así. Lo cierto es que yo quería viajar antes, pero esta travesía ha durado más de lo previsto y todavía quiero llegar a Margarita, Barinas y San Cristóbal.
La salida de Maracaibo fue gracias al tío Isidro, quien me dio la cola hasta Barquisimeto, donde pasé un par de días y luego me fui por tres días a La Guada a saludar a Jovita. Luego al regresar a Barquisimeto me quedé una semana en la casa de los primos Suárez, por la promesa de subir a Siquisique, pues si no fuera por eso, no me hubiese quedado tanto tiempo en un solo sitio, cola a la que no estaba acostumbrado.
A La Guada me fui en cola por la parte de Quíbor y Los Humocaros, es un poco más lejos, e intrincado, pero nunca había subido por allí. Bueno, en verdad, la razón es que la primera cola me llevó hasta Quíbor y no pensaba devolverme para subir por San Pedro.
Luego de bajar el viernes por Barbacoas, pasé un fin de semana compartiendo con el primo Evert una que otra cerveza, para charlar de la familia.
A la salida de Barquisimeto llegué a Valencia donde debería conseguirme con el scouter José Enrique Pérez, ejecutivo Scout de Carabobo a quien tendría, o tengo, que devolverle la carpeta del material del Profesional Scout, que me prestó hace más de un año luego de la Asamblea Nacional del Táchira.
Cómo nunca me pude conseguir con José Enrique me fui directo a Maracay, a disfrutar de mis dos sobrinos lindos bellos y preciosos, con quienes compartí desde el lunes hasta el sábado. También porque Rodolfo (mi hermano) me invitó a bajar a Puerto Cabello el viernes a una marcha militar y por supuesto, acepté.
De allí arranqué a Caracas a conocer a mi nueva sobrina Sara, a quien le llevé de regalo un adorno de madera con su nombre.
¡La conocí! Que niña tan bella, con el pelo negro fino como todos los guajiros de mi familia.
En Caracas no estuve mucho tiempo, primero porque no me gusta mucho la ciudad. Pero el sábado que estuve allí, y visite a Eva, conocí a una akela del grupo Scout San Agustín y me quede con ellos gran parte de la reunión.
Cuando llegue el miércoles 23 a Ciudad Bolívar, pensé que sólo iba a entregar el rollo de película fotográfica de la graduación de Jhoenys (mi prima) y me iba a Maturín de una vez, pero he compartido con tíos y primos y llevo una semana aquí, incluso el pasado fin de semana viaje con los primos Roberto y Yesenia a Puerto Ordaz, y a Upata para asistir a un campeonato de Karate donde participó y hasta ganó una medalla Albert, el hijo de Crucita y Alberto.
Visité también el museo de Jesús Soto, y me quede sorprendido por el movimiento de las obras. ¡Que cosa tan extraordinaria!
Saqué también parte de la genealogía de los Fermín Quijada (mi familia materna).
Ahora pienso llegar a Maturín, Margarita, Caracas, Maracay, Valencia, Barinas, Mérida y San Cristóbal, aunque sería más lógico ir directamente a Maracaibo para prepararme para subir a México a buscar nuevas aventuras.
(Próxima anotación: 5 de Julio de 1999)

sábado, 25 de mayo de 2013

De mochilero en Mexico

Cuando me fui de mochilero a Mexico y Centroamerica (año 1999) no tenia ni idea de las vivencias que me traeria en el morral. Ni siquiera estaba seguro de a donde iba a llegar ni con quien me iba a topar. Lo unico seguro era que tenia que vivir al maximo cada dia, porque una experiencia como esa dificilmente la podria repetir. Claro, en ese momento estaba desempleado, soltero, joven y sin cobres: la formula perfecta para salir a recorrer el mundo.
Si les digo que fueron cien vivencias les miento, porque solo el viaje duro 101 dias, y si en cada dia conoci lugares diferentes, personas interesantes, sabores inigualables, paisajes impresionantes, pues saquen la cuenta de cuantas experiencias entraron en el morral.
Pero hay una que les quiero compartir, porque a mis sobrinos les encanto cuando se las narre:
Cuando me separe de Jose Miguel en Colombia, Adolfo se convirtio en mi torre de control, como el internet era muy incipiente y yo apenas manejaba el correo electronico, Adolfo me pasaba nombres y direcciones de amigos que el tenia en algo que se llamaba La Lista Scout.
Luego de ya casi dos meses recorriendo el centro y el sur de Mexico, estaba en Villahermosa, Tabasco, con un clan amigo y cuando dije que iba a Chiapas cuatro rovers (Mario, Sidharta, Daniel y Luis) me dijeron "pinche cabron nos vamos contigo". Y asi nos fuimos, primero a San Cristobal de las Casas y luego a Tuxtla Gutierrez, la capital del estado y donde nos esperaba una amiga de Adolfo: Pilar Cariño.
Apenas llegamos a la ciudad, en cola por supuesto, la llamamos por telefono y su papa, a quien le tuvimos que decir Señor Cariño, nos fue a buscar y nos llevo a pasear por la ciudad.
Al rato nos llevo al cyber donde estaba su grupo scout: ese era el dia del Jamboree en Internet!
Toda la ciudad estaba activada y todos querian conocer a los cuatro tabasqueños y al venezolano que habian llegado en la mañana en colas... "Orale, de veras llegaron en aventon?" nos preguntaban como si fuera casi imposible. "Bueno, en realidad nos enviaron por correo electronico y nos imprimieron hace rato, todavia estamos chorreando tinta" deciamos nosotros y todos se reian con ese humor tan sencillo de gente de ciudad pequeña.
En la noche fue mejor, el distrito tenia previsto una estacion de radioaficionados para que todos participaran en el Jamboree en el Aire: lo bueno es que estaba en un cerro y habia que caminar como 45 minutos solo para llegar a la estacion. Habian como 200 scouts de todas las unidades, dirigentes, representantes, en fin, una feria y todos con la mayor amistad.
Pero lo mejor fue que a las 12 en punto de la medianoche los rovers y dirigentes jovenes me dicen "venezolano vamos a recorrer la gruta de las liebres" y nos fuimos a una cueva que comienza amplia y se va cerrando tipo grieta, luego de mas de 500 metros la cosa se pone mas estrecha y hay unos 100 metros sin piso... SIN PISO!!! Tienes que poner la espalda en una pared y los pies en la otra y correr el trasero poco a poco... "men y si uno se cae?" les pregunte... "No se, nadie se ha caido"... Ar coco!!
La grieta espectacular, salimos de alli a las 5.00 cuando ya estaba amaneciendo y alli hicimos una ceremonia de uno de los rovers.
Bajamos el cerro, se termino la noche y con ella el Joti y el Jota.
Descansamos esa manana y luego cada quien siguio su recorrido.
Hasta el sol de hoy fue una noche inolvidable.

sábado, 29 de septiembre de 2012

No es mío pero me parece interesante


Esta es parte de la columna de Nelson Bocaranda de esta semana... me pareció interesante destacarlo y recordar algunos datos:


"EL GARROTE ROJO. La extraordinaria campaña que ha desarrollado Henrique Capriles en apenas ocho meses, ha tenido un gran enemigo nada silente ni mucho menos indulgente: el hegémonico aparataje comunicacional en manos del gobierno que ha militado activa -e inconstitucionalmente- en favor de la imagen del presidente saliente y en contra del candidato de la Unidad. Cuando Chávez llegó en 1999, el Estado Venezolano tenía un solo canal de televisión VTV, la agencia de noticias Venpres y Radio Nacional. Trece años después, bajo su mandato directo, sin que medien terceras instancias, operan seis canales de televisión -VTV, Vive TV, Ávila TV, TVES, Telesur y el canal de la Asamblea Nacional-; una red de emisoras que tiene como ejes a la Radio Nacional, con tres señales, y YVKE Mundial  también con otras tres. Así las rudas y poco éticas emisoras Tiuna y Arsenal Caracas, la primera, inexplicablemente en una democracia, "la voz de las Fuerzas Armadas de Venezuela". En el interior del país, el incontrolado, secreto, dispendioso y corrupto gasto del gobierno mantiene en operación más de 30 emisoras de televisión comunitarias y cerca de 400 emisoras radiales comunitarias. Igualmente Pdvsa tiene 10 emisoras paralelas a la red oficial que hacen propaganda roja las 24 horas. En materia impresa los diarios Vea, el Correo del Orinoco y Ciudad CCS. Por el lado del cierre de medios este gobierno saco del aire a RCTV (pues competía con Chávez en los sectores D y E), 32 emisoras de radio y 2 canales de televisión regionales, mientras que aquellos que se mantienen operando y no obedecen las presiones gubernamentales viven al acoso del Seniat, no reciben propaganda oficial, sufren atentados a sus instalaciones, sus periodistas no tienen acceso a las fuentes gubernamentales y son objeto de decisiones del TSJ y de los tribunales que son interpretaciones de instrucciones precisas de la Presidencia de la República, obligándoles en muchos casos a situaciones de autocensura o a despedir a periodistas y locutores. Puntuales emisoras comunitarias manejadas por socialistas activos tienen instrucciones de interferir la señal de emisoras privadas sin que Conatel haga nada al respecto. A todo esto hay que agregarle que es PDVSA la que está detrás de todo el financiamiento secreto que permite todo este andamiaje  neofascista. ¿Se le informará de esta Venezuela a los visitantes y observadores extranjeros que vienen a las elecciones del 7-O? No cabe duda que mas allá de los resultados de ese día, la labor y los logros políticos que nos deja Capriles son verdaderamente titánicos y esperanzadores...

@nelsonbocaranda "

Y pregunto yo... quien es el Goliat de los medios?

Roberto Rivas Suárez
Periodista


lunes, 5 de marzo de 2012

Cronología del Bachaquero


Me Declaro Inocente

Para quienes no terminaron de entender lo que sucedió el pasado viernes en la ciudad, aquí les entrego un reporte pormenorizado y detallado de lo que pasó con los bachaqueros, Polimaracaibo, la prensa, la Fiscalía y los averiguadores de la Vereda del Lago. Tal como lo registraron los cuerpos de seguridad así se los traigo a ustedes.
4.00 am: En un enfrentamiento entre oficiales de la Guardia Nacional y contrabandistas de gasolina es que el gobierno se entera de que existe un grupo de gente llevando combustible  para Colombia. Antes de ese día no sabían.
5.00 am: Hermes el Iluminado anuncia un día muy movido para Venezuela. Él sabía lo que venía, pero los demás no sabíamos nada…
6.00 am: Se activan los departamentos de inteligencia e investigación y parece que es verdad la hipótesis: “parece que hay gente llevando gasolina para Colombia. No sabíamos nada. Estamos investigando”
10.00 am: Un segundo enfrentamiento, esta vez con Polimaracaibo, ratifica lo que el gobierno comenzó a creer desde temprano: parece que hay gente que está llevando gasolina para Colombia ¡No puede ser! ¿Contrabando de combustible? ¡No puede ser!
12.00 m: Comienza una protesta frente a La Vereda del Lago. Cientos de personas están reclamando derecho al trabajo y mejores vías asfaltadas para poder llevar la gasolina a Colombia. ¡Parece que es verdad! ¡Parece que hay gente llevando gasolina para Colombia!
12.30 m: Un averiguador dice: “la fila de camioncitos pasando gasolina a Colombia, parecen bachaquitos llevando hojitas hasta el bachaquero”. A la gente del gobierno le gusta el comentario y como hasta ese momento no sabían que existía el contrabando de gasolina, es allí cuando los bautizan así.
12.31 m: Se corre la voz en Facebook y Twitter sobre la protesta de los #Bachaqueros
1.00 pm: La cosa se pone tan tensa en La Vereda, que los cepillaeros no saben a quien apoyar, si a los policías que les compran todos los días o a los Bachaqueros porque son paisanos.
1.30 pm: National Geographic (NatGeo TV) anuncia su documental: Bachaqueros: Combustible en la Frontera. La gente del gobierno no sale de su asombro: ¿De verdad están traficando gasolina para Colombia?
1.45 pm: Alicia Machado propone un plan para acabar con los bachaqueros: “@aliciamachado con un poco de baygón se soluciona el problema”.
2.00 pm: Arcadio Montiel (diputado indígena UNT) se hace solidario con los Bachaqueros porque los llevaron a esa situación.
2.05 pm: Nohelí Pocaterra (diputada indígena PSUV) se hace solidaria con los Bachaqueros porque los llevaron a esa situación.
2.06 pm: Pocaterra se da cuenta que dijo lo mismo que Montiel y cambia su declaración, aunque sin apoyar a nadie, pero apoyándolos al mismo tiempo.
2.07 pm: Arcadio Montiel cree Pocaterra dijo lo mismo que él y quiere cambiar su declaración, pero ya no se acuerda de qué lado se puso en el conflicto.
6.00 pm: Termina la protesta. Los Bachaqueros son reconocidos por la Opep como exportadores de petróleo. El gobierno dice: “ah claro, no son contrabandistas, son exportadores, asi sí”.
  
Roberto Rivas Suárez
Periodista
@rrivassuarez