En los scouts, cuando se hacen actividades al aire libre se acostumbra colocar “señales de pista” con ramitas y piedras para ir orientando el camino. Cuando se cumple el objetivo y se llega al final del recorrido, se coloca como señal un círculo de piedras con una piedra en el centro, que significa “Misión Cumplida”.
Lo mismo cuando la vida de un scout llega al final del recorrido y logra su objetivo. Lo recordamos con la misma técnica, en señal de que ha cumplido con su misión y de que ya está en camino hacia el “campo del reposo y la dicha”, como dice la oración del dirigente y guía.
Este 18 de diciembre nos dejó un gran scout. Rubén Portillo Jaimes tuvo toda una vida dedicada al escultismo, desde que ingresó muy joven “hace muuuchos años”, y fue dirigente de distintos niveles en muchas épocas. Siempre destacó por ser alguien íntegro, conciliador, trabajador, un ejemplo a seguir en todos los aspectos.
Tuve el gratísimo placer de conocerlo en lo scout, en lo profesional, y más importante aún, en lo personal. Las puertas de su casa y de su familia siempre estuvieron abiertas para las decenas y cientos de jóvenes que se formaron en los scouts, y para los dirigentes de todas las edades, grupos y nacionalidades que pasaron por allí.
Para mi generación, y para mí en lo personal, Rubén fue un mentor, un guía, un tipo sabio a quien pedirle consejos cuando los necesitara. Él siempre respondía con una enseñanza acorde, con una experiencia de sus lejanos tiempos de su juventud, y sobre todo, con una sonrisa y un chiste propios de su sano sentido del humor.
Hasta cuando me regañaba (que estoy seguro que fueron muchas más veces de las que puedo recordar) lo hacía con una enseñanza y un consejo para guiarme.
Colocar las piedras para marcar el final del recorrido no es fácil, pero es un orgullo hacerlo sabiendo que cumplió su misión, que formó a una maravillosa y frondosa familia, y que ayudó a formar a varias generaciones de jóvenes en el camino de un mundo mejor.
Gracias Rubén Portillo.
Misión Cumplida.