jueves, 19 de diciembre de 2024

Misión Cumplida Scouter Rubén

 En los scouts, cuando se hacen actividades al aire libre se acostumbra colocar “señales de pista” con ramitas y piedras para ir orientando el camino. Cuando se cumple el objetivo y se llega al final del recorrido, se coloca como señal un círculo de piedras con una piedra en el centro, que significa “Misión Cumplida”.




Lo mismo cuando la vida de un scout llega al final del recorrido y logra su objetivo. Lo recordamos con la misma técnica, en señal de que ha cumplido con su misión y de que ya está en camino hacia el “campo del reposo y la dicha”, como dice la oración del dirigente y guía.

Este 18 de diciembre nos dejó un gran scout. Rubén Portillo Jaimes tuvo toda una vida dedicada al escultismo, desde que ingresó muy joven “hace muuuchos años”, y fue dirigente de distintos niveles en muchas épocas. Siempre destacó por ser alguien íntegro, conciliador, trabajador, un ejemplo a seguir en todos los aspectos.

Tuve el gratísimo placer de conocerlo en lo scout, en lo profesional, y más importante aún, en lo personal. Las puertas de su casa y de su familia siempre estuvieron abiertas para las decenas y cientos de jóvenes que se formaron en los scouts, y para los dirigentes de todas las edades, grupos y nacionalidades que pasaron por allí.

Para mi generación, y para mí en lo personal, Rubén fue un mentor, un guía, un tipo sabio a quien pedirle consejos cuando los necesitara. Él siempre respondía con una enseñanza acorde, con una experiencia de sus lejanos tiempos de su juventud, y sobre todo, con una sonrisa y un chiste propios de su sano sentido del humor.

Hasta cuando me regañaba (que estoy seguro que fueron muchas más veces de las que puedo recordar) lo hacía con una enseñanza y un consejo para guiarme.



Colocar las piedras para marcar el final del recorrido no es fácil, pero es un orgullo hacerlo sabiendo que cumplió su misión, que formó a una maravillosa y frondosa familia, y que ayudó a formar a varias generaciones de jóvenes en el camino de un mundo mejor.

Gracias Rubén Portillo.

Misión Cumplida.

lunes, 4 de marzo de 2024

Las lágrimas del reencuentro

 

La emoción se respiraba en el ambiente, habían esperado mucho por ese momento, por eso cada minuto y cada segundo, se les hacía interminable.


Las lágrimas estaban a punto de salir, pero sabían que tenían que contenerse. Estaban ansiosas por escapar de los húmedos ojos y rodar por las mejillas, pero entendían que tenían que esperar por el abrazo que había sido postergado por los últimos seis meses. Comprendían que sería solo en ese momento cuando debían aflorar y reclamar su protagonismo... pero el abrazo no llegaba y la angustia amenazaba con secarlas.

Esas lágrimas siempre habían visto a sus colegas en reencuentros en los aeropuertos, pero nunca había vivido uno. Esperaban con desesperación el momento en el que la esposa y los dos hijos bajaran del avión que los llevó desde Maiquetía hasta la capital chilena y se abrazaran con el papá, quien había trabajado los últimos seis meses para lograr el encuentro.

Fueron seis meses difíciles, de trabajos rudos, de jornadas de hasta 36 horas seguidas en distintas “pegas” o labores para reunir el dinero. Fueron seis meses en los que los niños -de 9 y 6 años- extrañaron la presencia de su padre. Se preguntaban cuando llegaría el día del abrazo, lloraban en la soledad sin entender por qué se habían tenido que separar y ahora emigrar.





Ahora las lágrimas de los niños y de sus padres sabían que la espera estaba llegando a su fin.

La mañana del 4 de marzo de 2018 en el aeropuerto de Santiago el largo pasillo de llegada internacional y los trámites de ingreso oficial al país, eran lo único que los separaban. Las lágrimas estaban ansiosas, expectantes.

Al fin superaron los obstáculos, recibieron los sellos en sus pasaportes, recorrieron la infinita distancia que separaba los corazones que latían a millón. Las lágrimas ya no aguantaban la presión.

Los últimos diez metros de su caminata fueron interminables. Después de seis meses la familia entera se volvió a abrazar. Las lágrimas por fin pudieron salir.